Me emocionó participar virtualmente en un conversatorio sobre los desafíos para la conservación del Planeta. En este diálogo, compartí algunas anécdotas de mi vida que influyeron en mi creciente amor por la naturaleza del Ecuador. Planteo mi gran preocupación por el cambio climático y  propongo algunas ideas que todos podemos poner en práctica para reducir nuestro impacto. Memorias que marcaron mi vida Cuando me preguntan de dónde surge mi amor por la naturaleza y preocupación por la ecología, siempre cuento que cuando era niño pasaba vacaciones largas en una finca de mi abuelo, en Baños, provincia de Tungurahua. Todas las tardes salíamos con mi madre y mis tías a unos paseos maravillosos, ya sea por el Río Ulba, Río Verde, o a lo largo de las orillas del Pastaza, donde su lecho forrado de lava me impresionaba. Tuve mis primeros encuentros con el corazón profundo de la tierra, cuando del Runtún, loma que limitaba nuestra propiedad con las faldas del volcán Tungurahua, surgían profundos ruidos telúricos que anunciaban la actividad volcánica. En estas caminatas tuve mis primeros encuentros con una serie de pajaritos que quedaron en mi recuerdo: las tangaras de mil colores y las loritas bulliciosas que saltaban de rama en rama. Todas estas experiencias grabaron en mí la idea de que había vida tanto en la superficie como en la profundidad de nuestro planeta. Más tarde, de adulto, cuando empecé a recorrer el país, y pude ver la belleza de las lagunas negras en el Parque Nacional Yasuní, o de mis encuentros con los peces más grandes del planeta, buceando en las Islas Galápagos, surgió con mayor intensidad mi devoción por la naturaleza de nuestro país y compromiso con su cuidado. Tiburón Ballena en Galápagos Mi encuentro con un tiburón ballena inmenso buceando en las islas Darwin y Wolf en Galápagos, a 80 pies de profundidad, es inolvidable. Recuerdo que pude ver hasta la pupila del ojo de este maravillo pez. Mi afición especial por proteger el mar surgió cuando a los 17 años leí el libro “El diablo del Mar Rojo”, del buzo alemán Hans Hass. Luego, las series extraordinarias de Jacques Cousteau me acercaron más a entender la vida que existe en los mares. Como anécdota, en 1980 en las playas de Same, en Esmeraldas, paseando con mi hija, tuve una experiencia horrible al ver el mar contaminado con combustible, y fue cuando le prometí al mar hacer mis mayores esfuerzos para protegerlo. Unos seis años más tarde, cuando estaba a cargo de los parques nacionales del país, tuve la oportunidad de impulsar la primera declaratoria del área marina de Galápagos, cumpliendo parcialmente mi promesa. Sé que los compromisos sí se pueden cumplir, aunque su realización tome mucho tiempo, y actualmente esta lucha continúa para expandir el área marina de Galápagos y duplicar su tamaño. Otra imagen inolvidable es cuando a los 54 años me propuse ascender por primera vez el volcán Cotopaxi y pude presenciar el reflejo de la luna llena durante el ascenso, formando la figura de triángulo perfecto que proyectaba la montaña.    En la ecuatorialidad descubro nuestra fuente de riqueza He meditado mucho sobre los aspectos que hacen único al Ecuador, y hay dos factores que se juntan y nos hacen excepcionales. Al ser el punto de intersección entre la franja ecuatorial y el cruce de la cordillera de los Andes, Ecuador cuenta con condiciones geográficas y climáticas extraordinarias. Son apenas trece los países que están sobre la línea equinoccial: 3 en América del Sur, 7 en África, 2 en Asia y 1 en Oceanía. Ninguno de estos sitios tiene una cordillera de más de 6 mil metros de altura en la zona ecuatorial, excepto el Ecuador. Nuestra región se caracteriza por su gran estabilidad climática, con diferencias de máximos y mínimos del orden de 20 grados Celsius. Es el lugar en que la vida tiene que hacer el menor esfuerzo por sobrevivir. Por eso, las zonas tropicales son mucho más biodiversas que las zonas septentrionales o meridionales. Cada 100 metros de cambio de altura, va bajando la temperatura un grado Celsius lo que genera miles de nichos estables a diferentes temperaturas. Y esos nichos son ocupados por especies que se adaptan a condiciones de temperaturas más frías que las tropicales. La gigantesca biodiversidad por km2 que existe en el Ecuador se produce justamente por la combinación de altitud y ecuatorialidad. En la imagen se observa cuáles son los países que están sobre la línea ecuatorial. Fotografía: Saber es práctico El camino recorrido y sus pasos por la conservación Cuando me preguntan cómo evolucionó mi trabajo activo por la conservación, debo mencionar mi amistad con Fernando Ortiz Crespo, un zoólogo extraordinario y experto en colibríes del Ecuador. Fue él quien nos inspiró a mí y a un grupo de amigos a crear la Fundación Natura, en 1976. Al principio éramos tan solo mi secretaria y yo, por un par de años, hasta que invité a Yolanda Kakabadse a sumarse como Directora Ejecutiva. Con Yolanda empezamos a desarrollar varios proyectos de gran éxito. El primero fue un diagnóstico sobre el estado natural y humano del Ecuador, sin precedentes, y que sirvió de base para lograr resultados importantes. Entre ellos, la creación de muchos de los Parques Nacionales y Áreas Protegidas el Ecuador, la protección de especies en vías de extinción, la eliminación de plomo de la gasolina, la eliminación de plaguicidas altamente tóxicos, la fijación de normas de emisión para los vehículos y de ruido para las ciudades, la inclusión de la Ecología en el currículum educativo, la protección de las cuencas hidrográficas que garanticen el abastecimiento de agua de algunas urbes, el manejo responsable de los desechos sólidos y líquidos en algunas regiones del país. También desarrollamos mecanismos que se han aplicado en otras partes del mundo como fue el Canje de Deuda por Naturaleza que inauguró Fundación Natura en 1987. Fundación Natura Como parte del Canje de Deuda por Naturaleza y con el Príncipe Felipe de Edimburgo, como Testigo de Honor, firmé en representación del WWF un convenio de cooperación para la conservación en las Islas Galápagos con la Fundación Charles Darwin. El cambio climático es ahora nuestro mayor desafío Mi nuevo compromiso, aparte de la protección del mar, es el combate por reducir las consecuencias del cambio climático provocado por la excesiva emisión de gases de efecto invernadero. La humanidad está sometida a su mayor peligro de supervivencia por el incremento de temperatura de la atmósfera. Si seguimos a este ritmo, enfrentaremos a finales de este siglo condiciones de extinción de la vida y la especie más afectada sería la nuestra. No podremos sobrevivir con incrementos de temperatura mayores a 2 grados Celsius, pero las proyecciones de aumento de temperatura hasta fines de siglo fluctúan entre 3,6 a 4,3 grados Celsius. Ante esta realidad, todos los seres humanos y gobiernos del mundo deberían concentrar su máximo esfuerzo para reducir las emisiones de CO2 y metano, y prolongar las oportunidades de vida de las futuras generaciones.