Los páramos producen beneficios ecosistémicos sumamente importantes pues son retenedores de agua, lo que permite que los ríos mantengan sus flujos en épocas de estío, para su uso en riego, consumo humano y generación de hidroelectricidad. Si el flujo es constante, los beneficiarios de la parte baja de los páramos estarán agradecidos porque siempre van a tener aguas de alta calidad y en suficiente cantidad. Estos beneficiarios deberían pagar por esta agua pura, limpia y de gran calidad. Por eso, creo que es oportuno que las empresas de agua potable fijen una pequeña cantidad adicional en el precio, tal vez de un centavo por m3, que se cobre al usuario para que se alimente automáticamente un fondo fiduciario que financie la conservación de las cuencas hidrográficas que generan esas aguas. Esto no es nada nuevo: cuando fui Alcalde de Quito, logré que The Nature Conservancy y la Empresa de Agua Potable de Quito establezcan el Fondo del Agua. Esta organización ha dado resultados extraordinarios para Quito, garantizando la alta calidad del agua y la protección casi completa de las cuencas hidrográficas que abastecen las aguas de Quito.  Este es un modelo referente que podría ser utilizado en todo el país. Imagen: Las protección de las cuencas hidrográficas es vital para el cuidado del medioambiente. Fuente: Pixabay. Por otro lado, la tendencia alimentaria actual ha reducido el consumo de lácteos y carne roja. Como todos sabemos, los lácteos son indispensable para fijar el calcio en el cuerpo y para el desarrollo de los niños y de los jóvenes, pero, pasada cierta edad, muchas personas tienen una reacción adversa a los lácteos, y esto ha hecho que en general haya una reducción del consumo de la leche, por lo que el precio de la leche está a la baja. Algo parecido sucede con la carne roja. Creo que ha llegado el momento de reconvertir los pastizales en bosques. Si estamos usando espacios muy grandes para muy pocas cabezas de ganado, vale repensar esa actividad siempre que el dueño de esas tierras pueda recibir un pago importante por absorción de carbono y que se le garantice la compra periódica de la madera que produzca el bosque. Estamos hablando de bosques artificiales que producen una absorción importante de carbono, pero no contribuyen a la biodiversidad. Otro aspecto que hay que aprovechar es el hecho de estar en la zona ecuatorial donde tenemos 12 horas de luz, los 365 días del año. Esto permite que los árboles no dejen de crecer ni un día durante el año. Esto es una gran diferencia con los bosques del Norte o Sur del Planeta que dejan de fijar carbono la mitad del año por el otoño e invierno cuando, por la pérdida de las hojas y la ausencia de luz, dejan de realizar fotosíntesis. Esto debería ser aprovechado por nosotros para la producción de madera. En general, son árboles de fibra más corta con otro uso que los árboles del Norte o del Sur, pero que en masa de celulosa el volumen es enorme. Un gran ejemplo es la balsa, planta de crecimiento rápido, que va a seguir siendo demandada en el futuro porque se utiliza para la construcción de las hélices de la turbinas de viento de las granjas eólicas. El Ecuador, que es el mayor productor de balsa mundial, podría generar mayores aprovechamiento de este recurso en el futuro.